¿POEMA, O REFLEXIÓN...?
Es tremendamente complicado
volver a confiar.
Confiar en la gente, en quienes nos rodean
es un acto suicida,
como poco, arriesgado.
Y hay una edad en la que no compensa.
Se está mejor a solas,
lo digo convencida.
Yo priorizo mi paz y mi mundo interior,
no me dejo embaucar
con palabras de amor.
Los castillos de naipes
se caen fácilmente.
Sólo un poco de viento
los puede volcar.
Prefiero estar en tierra...
Y es tan liberador
pensar de esta manera.
No sentir el apego, ni la codependencia.
Donde tú ves frialdad
yo veo libertad,
tener plena consciencia
del valor de uno mismo.
Porque,
hay quien necesita proyectar
su sombra sobre un corazón ajeno
y entregarse, aún a ciegas
con tal de no estar solo.
Hay quien confunde amor con el deseo,
y hay quien cree que es amado,
y hay quien finge creerlo.
Hay quien no se soporta,
no se enfrenta a sí mismo
y se entrega a cualquiera.
Y hay un punto intermedio (debe haberlo)
donde están los que aún piensan,
y lo creen de verdad,
que al corazón hay que hacerlo latir
para que no se muera.
A esos, buenamente los comprendo,
pues yo antes lo pensaba.
Pero la vida me fue despertando
y hubo un momento en el que me di cuenta
de que no basta con querer creer...
Que la fe no se elige.
No es como abrir la puerta.
No basta con tener la voluntad
de dejar que alguien entre.
La fe no se negocia,
se tiene o no se tiene.
Lo mismo sucede con el amor
(que es un acto de fe).
Un día esa fe se pierde
y acabas valorando mucho más
ese rincón de paz
que encuentras en tu mente.
Y no hay que confundir con arrogancia
la convicción que trajo la experiencia.
No soy inaccesible, soy coherente.
Tengo sobre los hombros la cabeza.
Y si alguien viene a perturbar mi calma,
(las pocas veces en las que sucede)
antes de darle acceso a mi interior
me guío por mi intuición
y pienso si realmente lo merece...
Lorena Bonillo 19/2/25
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